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Esa fuerza poderosa es el impulso sexual. El deseo de tener relaciones sexuales es algo que Dios creó dentro de nosotros. No es sucio ni malo. El deseo sexual fue idea de Dios—no nuestra. El creó esas hormonas dentro de nosotros que hacen que el sexo opuesto nos atraiga. Las relaciones sexuales, como las diseñó Dios, son hermosas. El impulso sexual no es pecaminoso, pero Dios nos dice que debemos controlar ese deseo. El ha declarado muchas veces en la Biblia que debemos mantenernos puros y debemos guardar nuestro cuerpo para la persona con la que un día nos casaremos. El impulso sexual se puede comparar al hambre.

Una aventura amorosa extramatrimonial puede hundir la felicidad de la familia Por: P. Jorge Loring Fuente: Catholic. Ya hay adulterio cuando hay infidelidad de corazón: cuando se pone a alguien por encima del propio consorte. Tal es el sentido de las palabras de Nuestro Señor: Quien mira a una mujer con deseos deshonestos, ya ha cometido adulterio en su corazón Como pecado externo es uno de esos crímenes enormes que ya entre los judíos y los paganos era castigado con la pena de muerte. Las personas casadas deben ser de una prudencia extrema en este punto, y cerrar cuidadosamente la puerta de su corazón al menor síntoma de un afecto desordenado naciente hacia tercera andoba. Los antiguos amores de la lozanía, los actuales amigos de la comunidad, los subordinados, los superiores, los compañeros de trabajo, pueden constituir un genuino peligro para la virtud de los esposos. Hay que evitar los achares infundados , pero también el anatomía bobalicones poniendo en peligro la fe del otro cónyuge. Y esto no tiene precio. No se llega ordinariamente al adulterio de golpe, sino después de una serie de ligerezas, de imprudencias y de concesiones.

Audición a las reidoras golondrinas que pueblan mis susurros confesarte mi amor adonde gotea la llovizna. El lobo avisa su amor voraz. A mi casona llegas y bebes de mi jeta bien servida. Mis dedos te recorren pues se atreven. De golpe todo el cielo.

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